Mascotas conectadas: ¿puede la tecnología ayudarnos a cuidar mejor de perros y gatos?
Relojes que cuentan nuestros pasos, aplicaciones que analizan el sueño y dispositivos que nos recuerdan que llevamos demasiado tiempo sentados. La tecnología lleva años observando nuestros hábitos y ahora también ha puesto la mirada en quienes caminan a cuatro patas.
Collares con GPS, cámaras para vigilar a los animales cuando están solos, comederos automáticos, fuentes inteligentes e incluso dispositivos capaces de registrar determinados patrones de actividad están ganando terreno entre las personas que conviven con perros y gatos.
La llamada pet tech promete ayudarnos a cuidarlos mejor. Pero ¿hasta qué punto resulta realmente útil?
Mucho más que saber dónde está nuestro perro
Los dispositivos de localización son probablemente uno de los ejemplos más conocidos. Un collar o accesorio equipado con GPS puede facilitar la localización de un perro que se ha escapado o permitir conocer aproximadamente por dónde se mueve.
Pero algunos dispositivos van más allá y registran información sobre actividad física, descanso o rutinas diarias.
Estos datos pueden resultar interesantes porque los animales no pueden explicarnos que llevan varios días moviéndose menos, descansando de manera diferente o evitando ciertas actividades. Detectar un cambio de comportamiento puede servir para prestar más atención y, cuando sea necesario, consultar con un veterinario.
Eso sí, un dispositivo no realiza un diagnóstico. Los datos pueden aportar pistas, pero deben interpretarse dentro del contexto de cada animal.
Cámaras para saber qué hacen cuando no estamos
Otro producto cada vez más habitual son las cámaras domésticas destinadas a observar a perros y gatos durante nuestra ausencia.
Además de satisfacer una curiosidad bastante universal, ¿qué hace realmente nuestro gato cuando cerramos la puerta?, estas cámaras pueden ayudar a descubrir determinados comportamientos.
Un perro que ladra continuamente, camina de un lado a otro o muestra signos de inquietud cuando se queda solo podría estar experimentando un problema que sus responsables desconocían.
Algunos dispositivos permiten incluso hablar al animal a distancia o dispensar premios. Es tentador convertir la pausa del café en una pequeña retransmisión desde el salón, aunque conviene recordar que escuchar una voz procedente de un aparato no resulta necesariamente tranquilizador para todos los animales.
El comedero también se ha vuelto inteligente
Los comederos automáticos permiten programar cantidades y horarios de alimentación. Algunos modelos pueden incluso reconocer qué animal se acerca, algo especialmente útil en hogares donde conviven varios perros o gatos con necesidades nutricionales diferentes.
También existen fuentes que mantienen el agua en circulación y dispositivos que registran determinados hábitos de alimentación.
Estas herramientas pueden facilitar algunas rutinas, pero no deberían convertirse en una excusa para reducir nuestra interacción con el animal.
Un comedero automático puede servir la cena puntualmente. Todavía no sabe preguntar qué tal ha ido el día.
¿Y la inteligencia artificial?
La inteligencia artificial también comienza a aparecer en productos destinados al cuidado animal.
Cámaras y aplicaciones pueden utilizar algoritmos para clasificar movimientos, reconocer comportamientos o analizar imágenes y sonidos. En los próximos años probablemente veremos herramientas cada vez más sofisticadas que intenten detectar cambios relacionados con la actividad o el bienestar.
Aquí conviene mantener cierto equilibrio entre entusiasmo y prudencia.
Que una aplicación interprete un comportamiento no significa que comprenda completamente lo que le sucede a un animal. El comportamiento de perros y gatos depende de numerosos factores, y una alerta tecnológica nunca debería sustituir la valoración de un veterinario o de un profesional especializado en comportamiento cuando exista un problema.
Más datos no siempre significan mejores cuidados
La tecnología puede proporcionarnos una enorme cantidad de información: cuánto se mueve nuestro perro, cuánto descansa, dónde está o a qué hora come nuestro gato.
Pero hay algo que ningún gráfico debería reemplazar: la observación cotidiana.
Conocer a nuestro animal significa detectar pequeñas variaciones en su comportamiento, apetito, postura, manera de relacionarse o ganas de jugar. La tecnología puede complementar esa atención, pero difícilmente puede sustituirla.
También merece la pena preguntarse si necesitamos realmente cada dispositivo que aparece en el mercado. Un producto tecnológico tiene sentido cuando resuelve una necesidad concreta, no simplemente porque pueda recopilar otro dato más.

Tecnología sí, pero con sentido común
La revolución digital también ha llegado al mundo de perros y gatos y probablemente solo estamos viendo sus primeros pasos.
Bien utilizadas, estas herramientas pueden aportar seguridad, facilitar determinadas rutinas y ayudarnos a descubrir cambios que quizá pasarían inadvertidos. Pero el mejor cuidado sigue dependiendo de elementos sorprendentemente poco tecnológicos: tiempo, atención, ejercicio, alimentación adecuada, atención veterinaria y conocimiento de las necesidades de cada especie.
Podemos saber desde el móvil cuántos pasos ha dado nuestro perro durante el día.
Pero ningún algoritmo debería hacernos olvidar el más importante: levantarnos del sofá y salir a caminar con él.
